En la reciente emisión del programa ‘+Caras’, Marcelo Polino debutó oficialmente como conductor del ciclo de entrevistas y recibió en su living a la popular humorista Lizy Tagliani, quien abrió su corazón para revelar detalles inéditos del calvario que padeció tiempo atrás. La conductora de Telefe rompió el silencio y recordó el profundo sufrimiento personal e institucional que experimentó cuando la periodista Viviana Canosa lanzó al aire de su antiguo programa en El Trece una serie de acusaciones aberrantes en su contra. Aquella emisión televisiva vinculó falsamente a la comediante con presuntos delitos de trata de personas y pedofilia, imputaciones de extrema gravedad que posteriormente la Justicia desestimó por completo debido a la absoluta falta de pruebas.
El relato adquirió tintes dramáticos cuando la invitada detalló el perverso impacto que la difamación mediática provocó en su entorno más íntimo, coincidiendo con el momento más sensible de su vida familiar. Tagliani rememoró que las falsas acusaciones impactaron de lleno justo cuando se encontraba tramitando la adopción legal de su hijo, “Tati“, un proceso burocrático complejo que requería de una intachabilidad moral absoluta ante los ojos del tribunal de familia.
A pesar del tembladeral público y de las feroces críticas que coparon las redes sociales, la artista explicó que jamás dudó en continuar con las gestiones correspondientes de la postulación porque guardaba la plena certeza de que toda la denuncia configuraba una mentira absoluta de principio a fin.
La comediante describió con precisión cronológica el devastador momento en que las autoridades judiciales decidieron congelar el otorgamiento de la guarda del menor como consecuencia directa del escándalo desatado en la pantalla chica. La conductora relató que el ataque de Canosa ocurrió un día viernes y que el lunes siguiente el equipo legal de la humorista tenía agendada la audiencia decisiva que, por el avance positivo del expediente, dictaminaría la adopción definitiva. Sin embargo, al ingresar al despacho, la jueza de la causa y la asesora de menores intervinieron de forma inmediata para comunicarle que debían frenar el trámite de urgencia hasta aclarar la situación, argumentando que las instituciones tenían la obligación de investigar el revuelo mediático a pesar de que la damnificada supiera que todo era falso.
La tajante postura de Lizy tras la decisión de la justicia
Lizy catalogó aquel episodio como un acto de extrema crueldad y confesó que nunca podrá dejar de sufrir por el dolor que le infligieron, recordando la enorme presión de simular que nada ocurría frente a sus seres queridos para intentar entretenerlos. Asimismo, la actriz remarcó la agobiante necesidad que sintió de demostrar diariamente en su espacio de trabajo una falsa normalidad con el único objetivo de ratificar ante el público y las marcas comerciales que las imputaciones eran una burda mentira.