En una nueva entrega de ‘Biri Biri’, Pablo Muney y su equipo abordaron la repercusión que generó la visita de Carmiña Masi al ciclo de Georgina Barbarossa tras su escandalosa salida de la casa de ‘Gran Hermano’. La exparticipante, que fue expulsada de manera fulminante luego de lanzar una catarata de comentarios racistas y xenófobos contra su compañera Jenny Mavinga, se presentó en el ciclo con una postura que osciló entre la indignación y la victimización.
Lejos de adoptar un perfil bajo, Masi cuestionó duramente el tratamiento mediático de su caso y lanzó una advertencia a los trabajadores del medio sobre la exposición de sus propios comentarios privados.
El conflicto central que analizó el panel de Net TV fue la actitud defensiva de la oriunda de Paraguay, quien utilizó el aire de Telefe para compararse con otros profesionales de la televisión. “¿Qué pasa si un día el sonidista se despierta mal y se olvida de cortar los micrófonos y salen al aire todas las barbaridades que dicen ustedes?”, disparó la exjugadora, sugiriendo que cualquier figura pública podría ser cancelada si se filtraran sus conversaciones íntimas. Este planteo intentó desviar el foco de la gravedad de sus dichos contra Mavinga, a quien había tildado despectivamente de “esclava” y “monito del barco”, términos que provocaron un repudio mayoritario y la intervención directa de la producción del reality.
Frente al constante señalamiento de la prensa y el público, Carmiña se mostró agotada por las exigencias de reparación que le impone la opinión pública tras haber pedido disculpas de manera reiterada. “Me están señalando con el dedo, ¿qué más quieren que haga? Ya pedí mil veces perdón, arrodíllenme, crucifíquenme, no sé qué quieren, ¿quieren que me humille?”, exclamó con un tono desafiante que generó divisiones entre los analistas. Para la mediática, el castigo de la expulsión y el posterior escarnio social ya han sido suficientes, planteando una suerte de “basta” ante lo que ella considera una persecución que ya no busca justicia, sino la destrucción de su imagen.
Ante ello, Muney aportó su visión sobre la personalidad de la entrevistada y coincidió parcialmente con la idea de que la demanda de arrepentimiento llegó a un límite y destacó que Masi posee un carácter “especial y fuerte”, pero subrayó que lo que ella plantea sobre la hipocresía en el medio tiene una base atendible. “Ella se arrodilló y dijo ‘¿qué quieren? apedréenme, ya está’, y me parece que tiene razón en preguntar hasta dónde llega el castigo; ya pidió perdón y estuvo muy mal lo que hizo, pero el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, reflexionó el conductor para cerrar el debate.