En el mundo del emprendedurismo, tener la intención de ser un unicornio significa encontrar o desarrollar una idea para que se convierta en una startup y esto alcance un valor estimado de 1000 millones de dólares, pero con la característica de ser una empresa privada y que todavía no cotiza en la bolsa.
Este término lo acuñó por la inversora Aileen Lee hace 13 años y refiere a lo extraño que eran las firmas que surgían con este funcionamiento. En Modo Fontevecchia, programa conducido por Jorge Fontevecchia, Matías Rodríguez Ghrimoldi presentó su informe “Quiero ser un unicornio: cómo convertir una idea en una startup exitosa“.
“Según un estudio de la Universidad de Queen’s de Canadá, una persona tiene alrededor de 6200 pensamientos por día y si tomáramos solamente un 0,02% sería 1 pensamiento por semana que se transformaría en una buena idea, 4 por mes y 56 por año. Algunos ejemplos pueden ser Facebook, WhatsApp, entre otras”, comenzó diciendo el periodista.
Y agregó al aire de NET TV: “Jóvenes argentinos de entre 25 y 30 años están creando startups y parten de ideas. Somos el país con mayor cantidad de unicornios por habitante per cápita de Latinoamérica, son 13“.
Para no recaer en los casos de Marcos Galperín con Mercado Libre, el columnista propuso hablar de otros jóvenes como Lucas Tortonese que junto a Michelle Benenzon y Yamil Juri impulsaron Menta, el cual surgió como un Tinder para psicólogos y pacientes. “Las personas podía poner cuál era su sufrimiento y se contaba con psicólogos que atendían a ese tipo de demanda o especialización. Pero luego fue evolucionando a la conexión de todo tipo de tratamiento de médicos y pacientes, empezó a funcionar como software de la administración de clínicas y allí se pueden pasar las historias clínicas, pautar los turnos“.
En la actualidad, alrededor de 400.000 pacientes planifican sus turnos y cuentan con centros médicos en Colombia, España y Brasil más allá de Argentina. “Es increíble como de todas esas ideas, todo fue evolucionando y solamente un año después se convirtió en esto. Lucas Tortonese era un estudiante de psicología que estaba cursando con Michelle Benenzon y como ambos tienen familiares médicos sabían de los problemas que tienen los psicólogos y los médicos para administrar las historias clínicas”, complementó el reportero.
De momento, la startup no alcanzó un valor de 1000 millones de dólares o más, pero podría alcanzarlo de seguir su evolución o su crecimiento en el corto plazo, según vislumbró Matías Rodríguez Ghrimoldi.
Hay muchas startups que quedan en el camino y no progresan, por lo que luego de charlar con los protagonistas y recabar información recomendó: “La mayoría no son por cuestiones económicas, sino por errarle al planteamiento del problema o idea. Lucas Tortonese nos dijo textual: ‘Lo más importante es validar la idea, antes de la creación de la empresa hay que pensar si realmente existe un problema, qué tan relevante es, para qué industria aplica y qué tipo de cliente. En definitiva, hay que entender quién estaría dispuesto a pagar para resolver ese problema. Es fundamental acercarse a los potenciales usuarios, escucharlos y comprender cómo viven ese problema día a día"”.
Posteriormente, el comunicador reveló que dialogó con Tomás Dascola que junto a Gonzalo Alegre e Ignacio Turrelli crearon Clickie, definido como “el Uber de oficios“. “Se te rompe algo en tu casa, hablás con una inteligencia artificial, le plantéas el problema, te dice lo que probablemente puede ser, el presupuesto y te contacta con un conjunto de especialistas para resolverlo“, afirmó Rodríguez Ghrimoldi.
Y añadió: “Ellos trabajaban en una empresa importante de Córdoba, a uno le explotó el termotanque y el otro se quedó afuera de la casa con la llave adentro. Enojados, se les ocurrió la idea y un año y medio viven de esto. Dejaron de trabajar en relación de dependencia y entraron en una ronda de inversión con 150.000 dólares, invitaron a San Francisco a presentar sus ideas y a buscar inversiones allá también“.
Para concluir, el columnista de Modo Fontevecchia consideró que la fomentación y la inversión del Estado podría impusar a la creación de mayores startups que pueden cotizarse en millones y millones de dólares, pero que no necesitan de una gran cantidad de dinero inicial y rápidamente pueden convertirse en todo un éxito.