En una nueva entrega de ‘Periodismo puro’, Jorge Fontevecchia conversó con el abogado, juez y político argentino Juan Carlos Maqueda, quien analizó con rigurosidad el complejo contexto sociopolítico actual del país. Durante la entrevista, el conductor trazó un paralelismo directo entre el escenario del balotaje presidencial de 2023 y los históricos consensos logrados en la década de 1990. Fontevecchia cuestionó por qué en la actualidad resulta imposible replicar los acuerdos que en su momento alcanzaron figuras antagónicas como Raúl Alfonsín y Carlos Menem, planteando si la raíz del problema actual radica en la ausencia de grandes líderes capaces de conducir a sus respectivas masas de votantes.
Ante la consulta, Maqueda defendió fervientemente la trascendencia de las figuras de Menem y Alfonsín, argumentando que si bien la política se compone de ideas y hechos concretos, las grandes transformaciones necesitan obligatoriamente una representación con “carnadura”.
El exmagistrado de la Corte Suprema amplió su análisis recordando la grave crisis institucional tras la renuncia de Fernando de la Rúa en el año 2002. En ese sentido, destacó que la alianza de emergencia establecida entre Eduardo Duhalde y, nuevamente, Raúl Alfonsín fue la herramienta clave que salvó institucionalmente a la República, demostrando la capacidad de la dirigencia tradicional para acordar por encima de cualquier discrepancia ideológica.
El debate profundizó en la desconfiguración identitaria que sufren los principales espacios políticos en la actualidad, donde las estructuras tradicionales mutaron hacia alianzas heterogéneas sin una conducción clara. Fontevecchia señaló que tanto en el peronismo como en el antiperonismo existe hoy una especie de “magma” donde conviven terminales inconexas, ejemplificando que no representan lo mismo las figuras de Patricia Bullrich, Mauricio Macri o el propio Javier Milei. Maqueda coincidió plenamente con este diagnóstico y atribuyó la parálisis política a la total desaparición de una “representación orgánica” que ordene internamente a los sectores opositores de la sociedad.
Para desmitificar las críticas hacia las conducciones fuertes, el entrevistado diferenció el concepto de liderazgo democrático de las viejas prácticas caudillistas de la región, catalogándolo como un elemento natural y necesario del sistema republicano. Maqueda respaldó su teoría citando el comportamiento institucional de los Estados Unidos en el siglo XXI frente al fenómeno de Donald Trump, remarcando que las fortalezas democráticas norteamericanas se basan precisamente en la aceptación de los liderazgos. “Cuando se tienen que generar liderazgos democráticos, se generan y se aceptan; no como una forma de caudillismo, sino como un elemento natural de representación política”, sentenció.