Philip Pettit en Periodismo Puro: “Las declaraciones públicas de Javier Milei son difíciles de seguir al igual que las de Trump”

El filósofo republicano más influyente del mundo, advierte que el auge de las derechas radicales no se explica solo por el malestar social, sino por una crisis más profunda: la renuncia de los gobiernos democráticos a liderar con principios. En una extensa entrevista con Jorge Fontevecchia, Philip Pettit analiza el Estado, la libertad, la ley, los medios y el peligro de una política sin rumbo.

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Philip Pettit, profesor en la Universidad de Princeton y en la Australian National University, es uno de los pensadores políticos más influyentes de las últimas décadas. Su teoría de la libertad como no-dominación, inscripta en la tradición republicana, ha impactado tanto en la filosofía política como en el diseño institucional de democracias contemporáneas. En diálogo con Jorge Fontevecchia en el programa Periodismo Puro, Pettit ofreció una reflexión profunda sobre el presente político global y lanzó una advertencia que interpela de lleno a la Argentina: cuando los líderes democráticos dejan de conducir y se limitan a seguir el humor social, la democracia se debilita y abre la puerta al autoritarismo.

Para Pettit, la diferencia central entre el liberalismo y el republicanismo no está tanto en políticas concretas, que a veces se superponen, sino en el principio que orienta al gobierno. El liberalismo moderno entiende la libertad como no interferencia: ser libre es poder elegir sin obstáculos, incluso si esa libertad convive con profundas desigualdades. Desde esta perspectiva, la ley aparece como una restricción y el Estado debe reducirse al mínimo, confiando casi ciegamente en el mercado. El resultado, según Pettit, es un “Estado vigilante mínimo” que tolera relaciones de poder privadas, aun cuando generen explotación o dependencia.

El republicanismo, en cambio, propone una idea más exigente de libertad: nadie es verdaderamente libre si vive bajo la posibilidad constante de que otro —una persona, una empresa o el propio Estado— pueda interferir arbitrariamente en su vida. Pettit ilustra esta noción con un ejemplo clásico: aunque un amo sea benevolente, el esclavo sigue sin ser libre porque depende de su voluntad. La libertad, entonces, no consiste solo en que no te interfieran, sino en no estar a merced de nadie. Esa es la clave de la libertad como no-dominación.

Desde esta mirada, la ley no es el enemigo de la libertad, sino su condición. Lejos de quitar libertad, una ley justa protege a los ciudadanos del poder arbitrario de otros. Pero esto plantea un problema central: ¿cómo evitar que el propio Estado se convierta en un dominador? La respuesta republicana es una democracia robusta, con Constitución, Estado de derecho, división de poderes, controles y contrapesos, y dos canales fundamentales de control ciudadano: la impugnación pública —en tribunales, medios y sociedad civil— y la competencia electoral.

Pettit también subraya la importancia de instituciones independientes: justicia, bancos centrales, oficinas de estadísticas y medios públicos protegidos del control gubernamental. Sin información confiable y plural, sostiene, la ciudadanía no puede ejercer un control real sobre el poder. En este punto, fue especialmente crítico con las plataformas digitales, que —según advierte— multiplican el ruido, favorecen la polarización y erosionan la deliberación democrática, priorizando el escándalo por sobre el diálogo.

El tramo más político de la entrevista aparece cuando Pettit analiza el presente. A su juicio, el avance de las derechas radicales no se explica únicamente por factores económicos o culturales. El problema de fondo es el vacío de liderazgo democrático. Gobiernos que deciden según focus groups y encuestas, sin principios claros, generan hastío y desconfianza. En ese contexto, muchos ciudadanos confunden liderazgo con autoritarismo y empiezan a mirar con simpatía a figuras de “mano dura”.

Como contracara, Pettit recordó su experiencia con José Luis Rodríguez Zapatero en España. Destacó cómo el entonces presidente impulsó el matrimonio igualitario aun cuando las encuestas le eran adversas, convenciendo a la sociedad desde un principio moral: no puede haber libertad sin igualdad ante la ley. Ese, para Pettit, es el ejemplo de un liderazgo democrático genuino: guiar, persuadir y asumir riesgos.

Mirá el programa completo de Periodismo Puro del 04/01/2026 acá:

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