Vale Churba pasó por Buen Plan y nos dejó todos estos consejos maravillosos! Contar con un banco de semillas propio es una iniciativa que puede comenzar como un simple y entretenido pasatiempo. No obstante, a largo plazo, todo indica que podría convertirse en una tarea estratégica y vital.
Armar un reservorio de semillas nos re-conecta con la naturaleza. Implica otra forma de acercarnos a la tierra, una experiencia a través de la cual empezar a reconocer los ciclos de crecimiento de los vegetales, la función que cumple cada insecto en su ecosistema y nuestro entorno natural en general.
Al mismo tiempo, se trata de encarar una labor que apunta a combatir la creciente disminución de biodiversidad alimenticia. Según Naciones Unidas, durante el siglo 20 dejamos de utilizar casi un 90% de las variedades agrícolas. Por esta razón, tener semillas guardadas en casa podría llegar a ser -a futuro- tan importante como conservar joyas o metales valiosos.
Cómo empezar
Lo ideal es recolectar la mayor variedad posible, tanto de verduras como de frutas y siempre seleccionar plantas orgánicas, vigorosas y libres de enfermedades. El siguiente paso es ir directamente al alimento y extraer las semillas de la forma que nos resulte más cómoda: manualmente o con utensilios de cocina tales como cucharas pequeñas, cuchillos o espátulas.
Las semillas extraídas deben ponerse a secar. Luego de lavarlas, podemos colocarlas sobre papel de cocina, en algún espacio ventilado, para quitarles por completo la humedad. Debemos evitar el sol directo, pero es fundamental que no queden húmedas ya que, en ese caso, podrían germinar o pudrirse.
En el caso de hortalizas de hoja como la lechuga o la acelga debemos permitir a la planta desarrollar el ciclo completo y extraer las semillas cuando se secan. Si hablamos de frutos como el tomate o los pepinos, se recomienda dejarlos madurar bien y luego separar las semillas del gel que las protege para pasar a la etapa de secado.
Sabemos que las semillas están secas y listas para ser almacenadas cuando tomamos una e intentamos quebrarla. Si se rompe al doblarla quiere decir que ya la podemos guardar.
Dónde conservarlas
El lugar de conservación debe ser seco, fresco a frío y sin acceso a la luz solar. Lo ideal es contar con un espacio de temperatura estable, como una bolsa de tela o papel madera, sobres cerrados o tarros de vidrio cerrados al vacío.
La tela y el papel son buenas opciones ya que, al ser materiales porosos, no retienen la humedad. Además, los sobres que podamos armar con estos elementos ocupan mucho menos lugar que los frascos.
Es importante rotular cada paquete, bolsa o sobre con nombre y fecha de armado para evitar confusiones y problemas a futuro.
Cuánto tiempo guardarlas
La viabilidad de las semillas es muy variable y depende, en gran parte, de las condiciones de almacenamiento. Entre 1 y 10 años es un promedio normal de durabilidad, sujeto también al tipo de vegetal:
1 Año: Cebolla
2 años: Maíz
3 años: Porotos, Lechuga, Arveja, Pimiento, Zanahoria, Tomate, Escarola
4 años: Acelga, Coles, Espinaca, Haba, Nabo, Rábano, Brócoli, Col de Bruselas, Coliflor, Remolacha.
5 años: Apio, Berenjena, Calabaza, Melón, Pepino, Calabacín, Sandía
Una semilla en buen estado y bien guardada puede durar hasta 15 años. De todas maneras, lo recomendable es utilizarlas antes y volver a proveerse de semillas de manera regular. Empezá ahora! El armado del banco de semillas es una iniciativa ideal para proponer como “proyecto familiar”, asignando algunas tareas a los más grandes y otras más simples a los chicos, aprendiendo juntos sobre agricultura y ecosistemas. Dentro de algunos años, tal vez represente un importante capital de bienes y conocimientos adquiridos.
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