Ricky Maravilla, personalidad destacada en el mundo de la música popular argentina, es mucho más que un personaje entretenido y festivo: un hombre sensible, que forjó su carácter a raíz de las duras vivencias que le tocaron atravesar desde muy pequeño, y que supo canalizar sus penas con suma resiliencia a través de la canción tropical, por lo que consolidó su carrera profesional.
El autor de grandes hits como ‘Qué tendrá el petiso’ y ‘Cuidado con la bomba’, este último como clásico de su repertorio que llegó a ser tomado por la obra infantil llamada ‘La granja de Zenón’, es oriundo de la provincia de Salta, lugar donde transcurrió su dura infancia junto a su mamá, Marcelina, y su hermana mayor, María Estela. La muerte de su papá, Rafael, cuando tenía solo 2 años de edad, produjo un hueco tan enorme en su esquema familiar que logró “llenar” con el poder de su “imaginación”.
Su madre, una joven viuda y empleada doméstica, trató de brindarles una buena calidad de vida, con esfuerzo, trabajo y dignidad, lo que “siempre está presente en su corazón”, en su día a día y le “agradece” todo lo que hizo por ellos. Respecto de su padre, Ricky le contó a Tomás Dente en ‘Entre Nos’, que formó una “figura mental” que “lo acompaña a distintos lugares”, como en el colegio.
Cuando dejaron el norte del país para establecerse en Buenos Aires, el artista tropical estuvo rodeado de profesionales, como médicos, ingenieros y arquitectos, entre otros. La cercanía lo llevó a ser muy amigo de los hijos de estos vecinos, quienes poseían objetos materiales que él no tenía. “Hijito, no llore, porque Dios y los Reyes Magos también son pobres, igual que nosotros”, lo consoló su madre cuando, por primera vez, recibió una bicicleta durante la época de fiestas.
Con suma inocencia, le prometió a su primogénita que iba a estudiar ingeniería o aviación, y que al mejorar su poder económico, le iba a regalar un auto y una casa. “Yo pasé a ser un poco el jefe de familia”, indicó el cantante de cumbia.