En una nueva entrega de ‘Periodismo puro’, Jorge Fontevecchia entrevistó al psicólogo cognitivo e historiador español Mario Carretero, quien desentrañó la conexión entre historia, memoria y poder, analizando cómo figuras como Donald Trump y Vladimir Putin manipulan el pasado para reforzar su autoridad. El especialista, conocido por su obra ‘Constructing Patriotism’, describió esta práctica como una ‘relación verdaderamente perversa’ entre poder y tendencias cercanas a la locura, donde decisiones ‘erráticas, desmedidas, incoherentes’ de líderes como Trump, evidentes en su rechazo a currículums históricos inclusivos en EE.UU., buscan un ‘control máximo de la población’ mediante una visión sesgada del pasado que legitima su liderazgo.
El académico destacó el caso de Putin, quien, contradiciendo sus críticas iniciales a Stalin durante la perestroika, permite ahora la proliferación de estatuas del dictador mientras reprime a jóvenes que protestan citando sus propias palabras de hace dos décadas, un ejemplo de cómo la ‘locura’ del poder lleva a contradicciones que encarcelan disidentes y refuerzan narrativas autoritarias.
Carretero señaló que estas prácticas no son nuevas, pero en democracias modernas, donde líderes como Trump o el presidente argentino Javier Milei llegan por voto popular, la distorsión histórica se intensifica a través de la ‘batalla cultural’ que, lejos de limitarse al presente, comienza con el control del pasado. “Lo que hoy llamamos batalla cultural empieza, en realidad, en los 90, fundamentalmente con el pasado”, afirmó.
Esta lucha por la hegemonía histórica, según el experto, es crucial porque ‘nuestra visión del pasado es lo que nos da fundamento’ como sociedades, definiendo ‘quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos’. Líderes de extrema derecha, bajo el paradójico eslogan de ‘libertad’, reinterpretan la genealogía colectiva para justificar políticas autoritarias, un fenómeno que normaliza ideas extremas en lo cotidiano al filtrarse en educación y medios.
Además el Psicólogo subrayó cómo estas narrativas, al moldear identidades colectivas, convierten el control del pasado en una herramienta de poder omnímodo en donde Mario reflexionó sobre la necesidad de una historiografía crítica para contrarrestar estas manipulaciones, alertando sobre el riesgo de que la sociedad internalice visiones distorsionadas que perpetúan el autoritarismo.