Serge Haroche es catedrático de física cuántica en el Colegio de Francia y en la Escuela Normal Superior de París. En 2012 recibió el Premio Nobel de Física por el desarrollo de métodos experimentales que permiten medir y manipular sistemas cuánticos individuales.
Para el investigador, a la ciencia básica (a diferencia de la aplicada que busca un fin concreto como puede ser el desarrollo de una vacuna) “solo la mueve la curiosidad sin ninguna aplicación directa”. Pero, está falta de un objetivo determinado no la hace menos importante. “No puedes tener aplicaciones si no tienes la base, el trasfondo, la ciencia fundamental que te da las leyes, lo que te permitirá construir nuevas máquinas, toda la revolución cuántica se trata de eso” afirma.
Haroche explica que “tomé prestada la expresión “ciencia inútil” de Abraham Flexner, el primer presidente del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton”. El término trata de llamar la atención de los responsables de financiar las investigaciones. “Muy a menudo, los políticos que tienen que dar dinero para las academias y para la ciencia, dan preferencia a las ciencias aplicadas, porque ven que la ciencia aplicada está construyendo nuevos dispositivos. La ciencia aplicada es útil porque responde a necesidades sociales”.
Pero, aclara el científico, si la ciencia aplicada fue capaz de desarrollar los inventos que produjo se debió al trabajo anterior y sin un fin determinado que llevó a cabo la ciencia básica. “Nadie inventó el teléfono celular, por ejemplo. Nadie dijo que necesitamos comunicarnos instantáneamente a través del mundo, o el zoom que estamos usando aquí, no se ha inventado porque alguna persona ha dicho que algún día necesitaríamos un zoom. De hecho, ha sucedido porque mucha ciencia básica, inútil, impulsada por la curiosidad lo hizo antes, porque inventó el láser, se inventaron fibras ópticas que pueden transportar la luz láser bajo el agua de un continente a otro, porque se construyeron computadoras, porque se inventó el transistor”.
Es por ello que Haroche reivindica la labor de los investigadores que proporcionaron la base para estos desarrollos. “Todos estos inventos fueron hechos por científicos que no sabían qué pasaría después de ellos. Solo descubrieron esto porque fueron impulsados por la curiosidad, querían entender cómo funciona el mundo, y eso es inútil en un nivel, porque la aplicación llegará mucho más tarde y de una forma que no es predecible. Eso es lo que todos los científicos llamamos, en una forma provocativa, ciencia inútil. De hecho, es ciencia básica y las aplicaciones recién surgen de investigaciones aparentemente útiles, y es imposible predecir qué será útil”.
Un claro ejemplo de esto es una aplicación que hoy resulta muy importante en la medicina. “Las imágenes por resonancia magnética se produjeron unos cuarenta años después de que los científicos inventaran la resonancia magnética nuclear, que se basaba en un fenómeno científico básico. Su utilidad se descubrió muchas décadas después de que se hiciera el descubrimiento fundamental” remarca el investigador. “Pero esto se basa en cosas de ciencia inútil, que al principio se consideraban inútiles” concluye.
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