En una nueva emisión de ‘Entrometidos en la tele’, el ciclo conducido por Tomás Dente, la periodista María Julia Oliván tomó la palabra para romper el silencio y ofrecer su versión definitiva de los hechos tras la escandalosa y repentina renuncia de Fernanda Iglesias al programa de streaming ‘QUÉ MIEDO’.
Este conflicto, que cobró una relevancia pública inesperada en las últimas horas, enfrentó a ambas figuras en una serie de acusaciones cruzadas que incluyeron denuncias por destrato, comentarios ofensivos sobre la apariencia física y la descripción de un clima laboral supuestamente hostil, lo que obligó a Oliván a desmentir categóricamente las versiones circulantes para intentar aclarar los puntos oscuros de este enfrentamiento que terminó abruptamente con el equipo de trabajo.
Durante su intervención en el programa, Oliván fue contundente al rechazar la existencia de un ambiente de trabajo nocivo, asegurando que los hechos ocurrieron de manera muy distinta a como fueron relatados por su excompañera. Según explicó, la discusión tuvo un origen netamente laboral y rutinario, producto de una diferencia de criterios sobre la organización de las notas para el programa: “La verdad es que acá no hay ese clima, no es cierto lo que está contando Fer. Fue todo muy de imprevisto, de un momento a otro por una pavada de trabajo se armó un lío”.
Uno de los puntos más críticos de la denuncia de Iglesias giraba en torno a presuntos comentarios despectivos sobre su cuerpo, acusación que su ex compañera desarticuló al contextualizar su observación desde una supuesta preocupación por la salud de su colega. “Yo le dije que la veía muy flaquita y que se cuide la salud, nada más, porque estaba bajando de peso muy rápidamente; eso es lo que dije del cuerpo y no fue con mala intención”, aseguró con firmeza, enfatizando que jamás hubo un ánimo de hostigar a Fernanda, sino que, por el contrario, sus palabras fueron interpretadas con una malicia que ella sostiene no haber tenido en ningún momento.
La escalada del conflicto, según el relato de Oliván, alcanzó niveles de tensión inmanejables cuando Iglesias comenzó a gritar y a cuestionar su capacidad de liderazgo, terminando en una renuncia intempestiva cargada de insultos. “Le dije ‘no entiendo, ¿maltratando porque te estoy pidiendo que me pases la rutina un día antes? Es una locura lo que me estás diciendo, si no te gusta andate’, y me dijo ‘me voy, pero no me echas vos, me voy yo sola, te renuncio porque no te aguanta nadie, sos insoportable"”, reveló la consultada, expresando su profundo desconcierto ante la virulencia y el nivel de gritos con los que su colega decidió finalizar el vínculo laboral aquel día.