En una nueva edición de su ciclo periodístico, Marcelo Longobardi se metió de lleno en la polémica desatada por la gacetilla de la Fundación Libertad y Progreso, la cual asegura una mejora significativa en la situación social de los más chicos. Según el informe, que toma como base los datos oficiales del INDEC, la pobreza en menores de hasta 14 años descendió del 58,4% en diciembre de 2023 al 41,3% a fines de 2025.
Sin embargo, Longobardi advirtió que el estudio ha sido blanco de duras críticas por parte de expertos, quienes cuestionan la forma en que se compararon los indicadores y el recorte etario utilizado, que excluye a una gran parte de los menores de edad del país.
Uno de los puntos más cuestionados que resaltó el periodista fue un error técnico en la comunicación de los resultados por parte de la Fundación. En su afán por mostrar logros de gestión, la entidad señaló que la diferencia en el indicador es de un “24,8%”, cuando en realidad se trata de 24,8 puntos porcentuales. El periodista explicó que, aunque el proporcional de la caída es incluso mayor, esta imprecisión marca una falta de rigor estadístico que empaña la veracidad del informe y siembra dudas sobre la profundidad real de la mejora anunciada.
Según el propio INDEC, la pobreza en niños de hasta 5 años se ubicó en el 35,7% al cierre de 2025, lo que significa que uno de cada tres menores en esa franja sigue siendo pobre. Esta cifra dista mucho del 19,1% que circuló en algunas interpretaciones del estudio. Si bien existe una mejora frente al pico de 2023, Longobardi remarcó que el nivel de carencia en los sectores más vulnerables continúa siendo alarmante y está lejos de ser una batalla ganada.
Otro eje fundamental de la crítica fue la desconexión entre la Canasta Básica Total (CBT) y el costo de vida real. Al cierre de 2025, el ingreso necesario para no ser pobre en el Gran Buenos Aires se fijó en $423.531,80, un monto que el periodista calificó como insuficiente para cubrir las necesidades básicas de un adulto, especialmente al considerar los aumentos en alquileres y servicios públicos. Esta brecha entre la estadística oficial y la economía doméstica sugiere que los datos de pobreza están subestimados, ya que se basan en canastas que no reflejan el gasto efectivo de las familias argentinas.