En una nueva entrega de ‘Modo Fontevecchia’, Jorge Fontevecchia dialogó con Eduardo García Caffi, ex presidente del Instituto Sanmartiniano, a raíz de la reciente renuncia de María Inés Rodríguez Aguilar a la dirección del Museo Histórico Nacional. La dimisión, de carácter indeclinable, se produjo tras la publicación del Decreto 81/2026, mediante el cual el Gobierno Nacional oficializó el traslado del sable corvo del General José de San Martín al Regimiento de Granaderos a Caballo.
La medida, refrendada por el presidente Javier Milei y el ministro de Defensa Carlos Presti, ha despertado un intenso debate entre historiadores y sectores académicos que consideran inaceptable retirar la pieza de su espacio museológico.
García Caffi destacó la profundidad simbólica del arma, subrayando que San Martín no solo fue un militar brillante reconocido mundialmente, sino un “político y estadista” que trabajó por la libertad auténtica. “El sable se transformó increíblemente en un símbolo de paz, porque San Martín jamás quiso intervenir en luchas atricinas”, explicó el especialista. El arma, un sable persa adquirido en Londres en 1811, acompañó al Libertador en hitos como el Combate de San Lorenzo y la Batalla de Chacabuco, convirtiéndose en un emblema de la soberanía argentina que trasciende su función original de combate.
Durante la entrevista, el experto repasó el complejo periplo legal y político del objeto y recorrido que en su testamento de 1848, San Martín legó el sable a Juan Manuel de Rosas por su defensa de la patria; posteriormente, Manuelita Rosas lo donó en 1896 al Museo Histórico Nacional bajo la condición de que permaneciera allí exhibido. El convocado recordó los intentos de apropiación por parte de la Juventud Peronista en la década del 60 y el decreto de Onganía que lo trasladó a Granaderos por seguridad. No fue hasta 2015, bajo la gestión de Cristina Kirchner, que la pieza regresó a su hogar original en el museo, manteniendo la custodia compartida con el Regimiento de Granaderos.
El especialista hizo hincapié en que el regreso al museo en 2015 no fue un “despojo”, sino una restitución a un espacio donde “puede concurrir todo el mundo a verlo”. La preocupación actual radica en que el traslado fuera del ámbito museístico rompe con la voluntad de los donantes y limita el acceso público pedagógico a la pieza. Para García Caffi, el sable corvo representa la síntesis de la historia argentina desde su paso por las manos de Rosas hasta su institucionalización definitiva en el museo, un equilibrio que hoy se ve alterado por la nueva decisión administrativa.