En una nueva entrega de ‘Modo Fontevecchia’, Jorge Fontevecchia conversó en vivo con el periodista Diego Suárez Mazea, quien transmitió desde Río de Janeiro los pormenores del clima que se vive en la ciudad después de la letal ofensiva de las fuerzas policiales contra la facción narco Comando Vermelho.
Exclusivo de "ISPA": las favelas de Río de Janeiro se convirtieron en una morgue tras la guerra entre la Policía y el Comando Vermelho
La acción de contención, que involucró a miles de uniformados y un arsenal de guerra, se convirtió en el operativo más sangriento en la historia reciente de Río de Janeiro, con un saldo que supera el centenar de personas fallecidas, desencadenando una profunda crisis social y fuertes cuestionamientos sobre el uso de la fuerza. La violencia se concentró principalmente en las zonas periféricas del norte de la ciudad, donde la disputa territorial entre el crimen organizado y el Estado suele dejar a la población civil atrapada en el fuego cruzado.
El corresponsal describió que el ambiente de inseguridad y descontrol es palpable en la ciudad, un factor que va más allá del reciente enfrentamiento. Para ejemplificar el nivel de criminalidad que precede y rodea estos operativos, el periodista relató un episodio personal que vivió al realizar una cobertura previa para ‘ISPA’, en donde Suárez Mazea contó que, mientras llevaba adelante su trabajo con un equipo reducido, sufrió el robo de su teléfono celular a plena luz del día, un hecho que, si bien es menor en comparación con la magnitud del conflicto narco, sirve para ilustrar la cotidianeidad de la violencia y la falta de control que experimenta el ciudadano común en las calles de la capital carioca.
El enviado especial hizo hincapié en que la magnitud de la tragedia superó todas las expectativas, con cuerpos apilados en las plazas a la espera de ser identificados por familiares, en un escenario calificado por la prensa como una ‘carnicería’.
Diego detalló además que el alto número de víctimas generó una condena generalizada y un intenso debate sobre la estrategia de seguridad del gobierno local, ya que la mayor parte de los abatidos son civiles que residían en las favelas afectadas. La situación puso en evidencia la extrema complejidad de la lucha contra el narcotráfico en Brasil, donde las organizaciones criminales ejercen un control territorial que el Estado solo puede desafiar a través de operaciones de alto riesgo que, lamentablemente, siguen cobrando un alto precio humano y social.