En una emisión de Periodismo Puro, Jorge Fontevecchia entrevistó a Antonio Scurati, prestigioso escritor italiano y autor de ‘M. El hijo del siglo‘, para comprender mejor si la democracia atraviesa una crisis de la que preocuparse sobre todo desde la Segunda Guerra Mundial.
Además, realizó comparaciones entre el fascismo creado por Benito Mussolini en el siglo XX y las construcciones políticas que se desenvuelven en la actualidad, la revolución del dictador italiano, que supo ser periodista, en la comunicación y el poder de las redes sociales de hoy en día.
“Estamos enfrentando la crisis más profunda de la democracia desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Todos pueden ver que la democracia está en peligro, y lo único que debemos establecer es cuán profundo es este peligro y de dónde proviene, porque eso no está claro; ni cómo superamos esta crisis, pero el hecho de que estamos en crisis es seguro“, comenzó diciendo al respecto de la vulnerabilidad que padece el sistema democrático en todo el mundo.
La figura de Benito Mussolini previo a la expulsión del Partido Socialista y la construcción del fascismo fue muy importante tanto en el periodismo como en el lenguaje de la comunicación política, la cual constó de prácticas brutales pero eficaces. Jorge Fontevecchia lo comparó con la polarización, las formas actuales de expresión y la fortaleza de las redes sociales, algo a lo que Antonio Scurati respondió: “Produjo una revolución en el lenguaje periodístico, empezó operando una brutal simplificación del lenguaje periodístico de aquel momento. Comenzó a escribir oraciones muy cortas, muy simples, y cada una de esas oraciones cortas empezaba con ‘yo’: “Yo tengo miedo’, ‘Yo prometo’, ‘Mi Estado‘”.
Y agregó: “Una personalización de la política. No le preocupaba la correspondencia entre esas oraciones y la realidad, ni la coherencia entre lo que decía ese mismo día y lo que había dicho el día anterior o el día después. Eran todas declaraciones citables, todos eslóganes, y eso era muy radical, muy brutal, pero muy efectivo. Era un lenguaje que no trataba con la realidad, solo con el mito, la parte emocional de la mente humana. Era partidista de una especie de militarización del lenguaje, y es lo que enfrentamos ahora con las redes sociales, con el tuit o con esas burbujas de opinión que son las redes sociales que nunca lidian con la realidad, nunca lidian con la confrontación, con la opinión de otras personas. Es lo mismo cien años después”.
Posteriormente, el conductor de Periodismo Puro explicó que el régimen fascista fue posible por un referente y un cambio cultural, pero también indagó qué modificaciones causó en el lenguaje, en la sensibilidad de la sociedad y el vínculo con la verdad. “El fascismo, antes de convertirse en una forma política de gobierno, era un estado mental. Mussolini era muy inteligente, muy astuto. Siempre rechacé el estereotipo de Mussolini como un tonto, caricaturesco. No, no lo era. Era un político muy inteligente y muy previsor, inclinado hacia el mal, por supuesto“, respondió el intelectual italiano.
“Él entendía que después de la Primera Guerra Mundial, cuando fundó el Fascio di Combattimento, el primer movimiento fascista, había dos sentimientos dominantes de realidad en la escena política, en el escenario mundial. Uno era la esperanza, un estado mental político muy poderoso, y la esperanza era lo que había dejado atrás. Venía del socialismo, como dije antes. El socialista era el partido de la esperanza, la gran idea del siglo XIX que, por primera vez en la historia, les dijo a las masas que la vida de sus hijos iba a ser mejor que su propia vida, que el futuro era una promesa y la vida de sus nietos iba a ser incluso mejor que la vida de sus hijos. Pero el socialista había quedado atrás, había sido expulsado del Partido Socialista, así que no podía apostar por la esperanza“, sumó.
Si bien la democracia es un sistema político presente en todo el mundo, muchos temen que las ideas fascistas continúen desplegadas por el mundo y se potencien para nuevamente controlar a una gran parte de la sociedad. En este sentido, explicó: “Mussolini entendió que solo había una pasión política más fuerte que la esperanza: el miedo. Tenía que ver con la humanidad que venía de las trincheras de la Primera Guerra Mundial y, durante tres o cuatro años, solo había conocido el miedo cada día de su vida. Y así, apostó todo al miedo. Eso es fascismo. Hay fascismo cuando una política de miedo expulsa a una política de esperanza. Es lo principal que debemos entender. Cuando te enfrentas a un político que apuesta todo al miedo, a asustar a la gente, a alimentar el miedo, estás muy cerca del fascismo“.
En los comienzos del fascismo la coerción social estuvo muy presente, pero también hubo un clamor popular que dio su consentimiento y se adaptó al nacionalismo italiano, por lo que Jorge Fontvecchia consultó en qué responsabilidad tienen los ciudadanos del cuidado o la degradación de la democracia. “El futuro de la democracia depende del ciudadano. Puede haber una dictadura sin que la gente participe, sin el consentimiento de la gente. Podríamos decir que una dictadura construye su poder excluyendo a la gente de la participación, pero no hay una democracia sin la participación de la gente. Tienes razón cuando dices que el fascismo italiano, allá en los años 20, no era solo violencia. Siempre enfatizo este punto”, aseveró el ensayista.
Antonio Scurati manifestó que Benito Mussolini utilizó la violencia y la seducción hacia un pueblo que se encontraba decepcionado de la política, lo cual puede entenderse como un consentimiento forzado. “La seducción diría: ‘No te preocupes, renuncia a tu afiliación política, renuncia a tu libertad política, renuncia a tu participación. Entrégame todos los poderes, y yo cuidaré de ti. Te protegeré. Resolveré todos los problemas que no puedes resolver por ti mismo’. Es muy seductor decirles algo así a las masas, cuando las masas están desorientadas, desesperadas, decepcionadas, cuando se sienten traicionadas por la política. Pero eso necesita la participación, el entusiasmo. Necesitan algún tipo de acuerdo: ‘Renuncio a mis libertades, y a cambio obtengo protección’. Por eso la democracia está en juego, y depende de nuestra voluntad de luchar por la democracia, de participar, y no renunciar a nuestras libertades, a nuestra soberanía“.