En una nueva entrega de ‘Periodismo Puro’, el analista político Ernesto Calvo brindó una radiografía exhaustiva sobre la metamorfosis del poder en Argentina y la irreversible fragmentación de su sistema de partidos. Calvo explicó que el modelo bipartidista que acompañó el regreso de la democracia fue, en rigor, una “ilusión óptica” de la transición que se desvaneció con las crisis sucesivas.
Según el experto, las últimas cuatro décadas han estado marcadas por una territorialización de la política donde las etiquetas tradicionales desaparecieron para dar lugar a movimientos y alianzas volátiles, perdiendo integridad pero manteniendo, paradójicamente, una alta participación electoral a pesar del dislocamiento económico.
Al comparar la situación local con el escenario internacional, el entrevistado advirtió que la aparente estabilidad del bipartidismo en Estados Unidos es engañosa y esconde una crisis institucional sin precedentes en los últimos 150 años. Aunque las estructuras de demócratas y republicanos persisten, el analista señaló que el nivel de fragmentación interna es “totalmente atípico” debido a la irrupción de movimientos insurgentes que han descabezado a las dirigencias tradicionales. Para el especialista, el movimiento que se observa hoy dentro de las grandes etiquetas norteamericanas es absolutamente novedoso y refleja una degradación profunda de los consensos políticos históricos.
Uno de los puntos más agudos de la entrevista fue la explicación de Calvo sobre la mecánica de la polarización afectiva, utilizando la metáfora de un globo que se infla, en donde el politólogo sostuvo que la gente no necesariamente se desplaza hacia extremos ideológicos, sino que es el propio sistema el que se expande debido al enojo social, aumentando las distancias percibidas entre los ciudadanos. “Cuando el globo se infla, todos se alejan y ven a los demás como más extremos, pero no es porque la gente se mueva, sino porque la distancia percibida aumenta”, detalló, subrayando que este alejamiento es una construcción emocional que distorsiona la convivencia.
El especialista profundizó en esta idea mencionando experimentos que demuestran cómo el lenguaje del odio en redes sociales altera la visión de la política pública y reveló que el simple hecho de exponer a las personas a insultos o acusaciones valorativas hace que perciban una brecha ideológica mucho más grande, incluso cuando el contenido no tiene relación con medidas de gobierno. Este efecto de “asimilación y contraste” es hoy mucho más potente que hace veinte años, lo que significa que el enojo y el grito tienen la capacidad de modificar el espacio político sin necesidad de discutir ideas concretas o soluciones reales.