Leah Aronowsky, historiadora de la Ciencia, doctora de la Universidad de Harvard y profesora en la Escuela del Clima de la Universidad de Columbia, analizó en ‘Periodismo Puro’ los orígenes de la política climática y sostuvo que las decisiones energéticas condicionaron desde el comienzo las posibilidades de enfrentar el cambio climático. En diálogo con Jorge Fontevecchia, la especialista identificó a 1979 como un momento decisivo debido a la confluencia entre los primeros indicios de un consenso científico sobre el problema y la segunda crisis del petróleo en Estados Unidos.
Para Aronowsky, esa coincidencia permite comprender hasta qué punto el clima comenzó a ser interpretado como un problema político a través del prisma de las políticas petroleras y energéticas.
La especialista explicó que durante los años 70 todavía no predominaba la actual concepción del cambio climático basada en estrategias globales para reducir las emisiones. Por el contrario, existía una fuerte convicción de que cualquier respuesta debía desarrollarse a nivel nacional y, particularmente, mediante la política energética. En ese escenario, Jimmy Carter consideraba un programa que habría llevado a Estados Unidos a invertir 88.000 millones de dólares para transformar su industria del carbón en una industria de combustibles sintéticos. Según la experta, una iniciativa de esas características habría provocado un impacto devastador sobre la huella de carbono del país.
Ese contexto también permite explicar, de acuerdo con la historiadora, por qué los científicos de aquella época eran pesimistas sobre las posibilidades de prevenir el cambio climático. La historiadora señaló que en 1979 continuaba vigente un fuerte debate alrededor de los límites del crecimiento y todavía existían pocos antecedentes para pensar políticas ambientales globales y regímenes internacionales de gobernanza. Frente a la pregunta de Fontevecchia sobre la coincidencia entre el surgimiento de la alarma climática y la crisis energética, la especialista admitió que se trató de “una coincidencia extraña”, pero consideró que eso no reduce su importancia para comprender las dificultades que los investigadores observaban en aquel momento.
La investigación también llevó a Aronowsky a revisar su propia interpretación sobre aquellos especialistas. Al iniciar el trabajo, explicó, sentía “decepción y frustración” al encontrar testimonios de científicos que aseguraban que sería imposible prevenir el cambio climático y proponían concentrarse en la adaptación. Desde una perspectiva posterior, esas posiciones le parecían inicialmente “una oportunidad tan desaprovechada”. Sin embargo, el análisis del contexto político y energético terminó modificando su mirada ya que comenzó a considerar que aquellos investigadores comprendían con considerable claridad cuáles eran las fuerzas que realmente condicionaban la política.