En una nueva entrega de ‘Todos podemos viajar’, Silvina Panizzi presentó una edición especial dedicada a sus travesías por Suiza e India, poniendo en relieve los contrastes culturales entre Ginebra e Interlaken, en el corazón de Europa, y Mahabalipuram, Pondicherry y Auroville, en el sur de la India. Mientras Suiza deslumbra con su orden, paisajes alpinos y modernidad, los destinos indios cautivan por su riqueza histórica, espiritualidad y caos vibrante. Panizzi destacó cómo estos lugares, aunque opuestos en esencia, comparten la capacidad de transformar a quienes los visitan, ofreciendo un mosaico de experiencias que van desde la serenidad de los lagos suizos hasta la intensidad de los templos y comunidades utópicas del Tamil Nadu.
En Suiza, Ginebra, conocida por su rol como sede de organizaciones internacionales como la ONU, combina elegancia urbana con vistas al lago Lemán y el icónico Jet d’Eau, mientras Interlaken, situada entre los lagos Thun y Brienz, es un paraíso para los amantes de la naturaleza, con acceso a los Alpes berneses y actividades como esquí o caminatas en Jungfraujoch.
Estos destinos reflejan una cultura de precisión y sostenibilidad, donde el orden y la limpieza son casi palpables, contrastando con la India, donde la diversidad y la espontaneidad reinan. “Hay viajes que se viven tanto adentro como afuera, este trayecto es mucho más que un traslado, es una experiencia en sí misma”, aseveró la ganadora del Martín Fierro.
Por otro lado, Mahabalipuram, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fascina con sus templos tallados en roca del siglo VII, como el Shore Temple y el bajorrelieve de la Penitencia de Arjuna, que narran épicas hindúes como el Mahabharata. Pondicherry, una antigua colonia francesa, mezcla la arquitectura colonial con la espiritualidad tamil, con sus bulevares junto al mar, iglesias históricas y playas como Serenity Beach. Auroville, a pocos kilómetros, es una comunidad experimental fundada en 1968 basada en los principios de Sri Aurobindo, donde el Matrimandir, un domo dorado, simboliza la búsqueda de unidad y espiritualidad, atrayendo a viajeros en busca de introspección y conexión cultural.
Durante su visita a Auriville Panizzi subrayó: “Aquí la vida tiene un ritmo distinto: bicicletas, jardínes orgánicos, talleres de arte y arquitectura experimental. Se respira creatividad y serenidad por todos lados. Un dato interesante de Auroville es que no pertenece a ninguna religión ni nacionalidad, su lema es ‘cuidado en diversidad y realmente se siente al caminar por las calles y conversar con los habitantes”.