En una reciente emisión de ‘Entre nos’, Tomás Dente recibió a Carolina Roisinblit, figura central en la formación de docentes de canto en Argentina. Con más de dos décadas de trayectoria, la cantante y compositora se abrió sobre el duro proceso que debió transitar para consolidarse en un área donde el éxito no suele estar garantizado por mandatos familiares.
Roisinblit se definió como la integrante “disruptiva” de su árbol genealógico, asumiendo el rol de quien llegó para romper con las proyecciones de escasez que pesaban sobre sus antepasados respecto al mundo artístico.
Durante la charla, la artista fue tajante al desmitificar uno de los mayores miedos que enfrentan quienes deciden seguir una carrera creativa relacionados al prejuicio de la inviabilidad económica. “Soy la persona que le probó a la gente de mi linaje familiar que se puede no solo vivir del arte, sino vivir muy bien”, sentenció Carolina. Frente a la clásica advertencia de “te vas a morir de hambre”, la docente aseguró que ella es el precedente viviente de que, cuando se entrega todo por un propósito, es posible alcanzar la plenitud económica y emocional haciendo lo que uno ama.
A pesar de los desafíos externos, la artista destacó el papel fundamental que jugaron sus padres en este camino, ya que a diferencia de lo que ocurre en muchas familias tradicionales, la cantante reveló que el apoyo de su hogar fue incondicional: “Tuve mucha suerte porque ninguno de los ‘no vas a poder’ vino de mi mamá ni de mi papá”. Para la invitada, ese respaldo fue el motor necesario para superar las dificultades económicas y de sostenimiento que aparecieron en sus inicios, permitiéndole forjar una carrera que hoy trasciende su propia interpretación para volcarse a la pedagogía.
En un pasaje profundo de la entrevista, Carolina describió al arte, específicamente al canto y la escritura, como un “espacio de salvataje”y confesó que, en otros ámbitos de la vida, solía sentirse forzada a “recortarse” para poder encajar en las normas sociales. Sin embargo, en la docencia y en el escenario encontró el refugio ideal para su excentricidad y su ser verdadero. “Nunca podría dejar el arte porque no sabría dónde más estar”, admitió conmovida, subrayando que su carrera fue, ante todo, un proceso de autodescubrimiento y aceptación personal.