Cada vez más personas hablan de sus emociones con la IA: ¿una ayuda accesible o un peligro para la salud mental?
Matías Rodríguez Ghrimoldi analizó en ‘Modo Fontevecchia’ el fenómeno de los confidentes digitales. En Argentina, el 35% de los jóvenes elige desahogarse con algoritmos antes que con profesionales.
En una reciente columna de ‘Modo Fontevecchia’, Matías Rodríguez Ghrimoldi habló de una tendencia que preocupa a psicólogos y psiquiatras por igual a partir de diversos informes globales que demuestra que uno de cada tres usuarios de Inteligencia Artificial en el planeta utiliza estas herramientas como un confidente emocional. Según el periodista el fenómeno crece de manera exponencial y plantea un fuerte debate sobre las consecuencias de reemplazar el vínculo humano por una respuesta automatizada.
En Argentina, las cifras indican que el 20% de los usuarios locales ya consultan a la IA sobre sus emociones, un número que trepa al 35% en el segmento de jóvenes de entre 16 y 35 años. Para ello Matias tomó como ejemplo el caso del influencer Tomás Maza, quien relató que utiliza Chat GPT para “desahogar” todo lo que pasa por su cabeza porque siente que la herramienta lo ayuda a ordenar sus ideas sin presiones.
Para el joven, la ventaja de la IA es que no existe un interés comercial detrás de las sesiones, a diferencia de lo que él percibe en algunos profesionales de la salud mental. “No es una persona que te quiere atrapar para que sigas yendo”, afirmó el influencer, aunque aclaró que él mantiene su tratamiento psiquiátrico tradicional en paralelo.
Según un experimento realizado por el columnista en diálogo con su chatbot obtuvo la conjetura de que los algoritmos pueden ayudar a reflexionar o funcionar como una vía de escape en momentos de crisis, pero carecen de la responsabilidad médica y la capacidad de diagnóstico que tiene un terapeuta. La falta de juicio y de presión social hace que el usuario se sienta cómodo, pero el acompañamiento profesional implica una profundidad que la tecnología todavía no logra alcanzar.
Otro de los puntos señalados en el informe fue el factor económico debido a que es el gran motor detrás de este fenómeno global, en un contexto donde una terapia privada puede costar alrededor de 170 mil pesos mensuales, el 70% de la población argentina queda fuera del sistema de salud mental tradicional. Ante la imposibilidad de pagar un profesional, muchos especialistas admiten que el uso de un chat genérico es “mejor que nada”. Para cuadros de ansiedad o depresión leve, estas plataformas pueden reducir el malestar inmediato y funcionar como un primer paso necesario antes de buscar una atención profesional de mayor complejidad.