En una reciente entrega de ‘Modo Fontevecchia’, el periodista Matías Rodríguez Ghrimoldi abordó el fenómeno de los ‘Therians’, una tendencia que ha ganado visibilidad global y que genera dudas entre los padres de adolescentes. Bajo el título ‘Mi hijo de volvió Therian’, el columnista presentó una guía basada en bibliografía científica para entender a esta comunidad de personas que se identifican con animales.
La clave, según Ghrimoldi, reside en la palabra ‘identificación’ ya que los Therians no creen ser animales en términos biológicos, sino que se vinculan con ellos desde un punto de vista simbólico, lo que los aleja de cualquier tipo de patología psicótica.
El experto explicó que desde la psicología narrativa este proceso se entiende como una forma de incorporar rasgos externos para construir el propio relato de identidad. Para profundizar en la materia, Ghrimoldi citó un estudio cuantitativo de 2019 que comparó a 112 Therians con personas ajenas a la comunidad. La investigación midió aptitudes sociales, independencia personal y anhedonia (la incapacidad de sentir placer). Los resultados fueron reveladores debido a que aunque los Therians suelen presentar mayores dificultades en el relacionamiento social, no muestran problemas para sentir placer ni para fijarse objetivos de vida.
La hipótesis central del estudio sugiere que estas personas encuentran en la identidad Therian una herramienta de ‘amortiguación’ ya que al adoptar esta identidad logran compensar sus dificultades para interactuar con los demás, dándose a sí mismos un marco de pertenencia que les permite desarrollarse con mayor bienestar emocional. En este sentido, la práctica funciona como un eje organizador de su experiencia vital, permitiéndoles desenganchar la falta de habilidades sociales de otras posibles consecuencias negativas, como la pérdida de objetivos personales.
En cuanto a su origen, Ghrimoldi recordó que esta comunidad nació en 1993 en foros de internet de Carolina del Norte. Lo que comenzó como una confesión aislada de un usuario en una sala de chat sobre películas de terror, terminó generando una respuesta inesperada de identificación colectiva. En 1994 se realizó el primer encuentro oficial y se acuñó el nombre para reconocerse como tales. Aunque durante décadas se mantuvo como una comunidad pequeña y discreta, la llegada de plataformas como TikTok provocó que el fenómeno se viralizara rápidamente.