Fetiches sexuales extremos: ¿Cuándo es una práctica y cuándo es una patología?
En ‘Tarde de brujas' hablaron de las prácticas sexuales no convencionales que existen en la realidad. La especialista Analía Peris explicó las principales diferencias entre el fetichismo consensuado y las conductas patológicas.
En una nueva entrega de ‘Tarde de brujas’, Anamá Ferreira y su equipo conversaron acerca de los fetichismos extremos que existen en la realidad. Para desglosar este tema con rigor profesional, convocaron a la sexóloga Analía Peris, quien explicó punto por punto las características de estas prácticas sexuales y, más importante aún, las principales diferencias que las separan de las patologías sexuales.
La especialista sostuvo que, en la mayoría de los casos, la delgada línea entre una fantasía y un trastorno radica en la presencia o ausencia de consentimiento. “La mayoría de las personas tenemos prácticas comunes y nos excitan cosas parecidas, no todas pero sí parecidas. A las personas que practican la asfixia erótica, que es la sensación que me estoy por morir lo que hace que la oxitocina aumente, porque estas personas necesitan una exigencia más para llegar al placer, no llega al placer”, explicó.
La sexóloga hizo especial énfasis en la importancia del consentimiento mutuo que debe existir en las prácticas fetichistas, en donde explicó que, en las dinámicas de BDSM o fantasías extremas, las parejas suelen establecer palabras clave o de seguridad con la finalidad de evitar que el juego o el dolor llegue a puntos extremos que puedan causar daño real a alguno de los participantes.
Peris remarcó que, mientras exista un acuerdo explícito y consciente entre adultos, el fetichismo se mantiene dentro de un marco de exploración sexual saludable. “En este caso de parafilias, en las parafilias yo necesito que haya sufrimiento, que haya humillación, necesito que la otra persona se sienta mal para exitarme, pero si hay consentimiento de dos personas”, agregó la experta.
Por el contrario, Analía mencionó una serie de prácticas que sí son consideradas patologías sexuales porque violan directamente el consentimiento de un tercero. La especialista citó como ejemplo la excitación o la masturbación utilizando ropa íntima de personas cercanas sin haber solicitado o recibido permiso de la dueña de la prenda. La sexóloga subrayó que, aunque el acto de masturbarse sea privado, utilizar un objeto sin consentimiento convierte el fetiche en una conducta invasiva y patológica, ya que la otra parte no está participando ni consintiendo la situación.