Carlos Invernizzi: “El tecnopopulismo redefine la competencia política y desvincula a la democracia de su base social”
En diálogo con Jorge Fontevecchia en ‘Periodismo puro’, el politólogo analizó cómo la convergencia entre populismo y tecnocracia reemplaza el eje tradicional izquierda-derecha y expresa una transformación profunda en la democracia representativa.
En una nueva entrega de ‘Periodismo puro’, Jorge Fontevecchia conversó con Carlos Invernizzi, uno de los teóricos más influyentes de la democracia contemporánea, profesor de Ciencia Política en el City College de Nueva York. El eje del diálogo giró en torno a su concepto de “tecnopopulismo”, una categoría que busca explicar los cambios recientes en la competencia política en las democracias avanzadas.
Invernizzi sostuvo que la tradicional oposición entre populismo y tecnocracia resulta engañosa. A diferencia del antiguo eje izquierda-derecha, donde ambas posiciones se excluían mutuamente, el populismo y la tecnocracia pueden coexistir y combinarse en un mismo actor político. De hecho, señala, en el escenario actual los dirigentes tienden a integrar elementos de ambas lógicas como parte de una estrategia común.
Este desplazamiento implica un cambio profundo en la forma en que se organiza la competencia política. Mientras que el eje izquierda-derecha estructuraba coaliciones basadas en intereses sociales y valores claramente identificables, el tecnopopulismo introduce una dinámica más flexible, en la que los liderazgos se definen por cómo articulan componentes técnicos y apelaciones directas al “pueblo”.
El politólogo destacó que la lógica anterior no solo ordenaba la disputa política, sino que también reflejaba una organización social concreta. En Europa occidental, por ejemplo, la división entre izquierda y derecha se apoyaba en bases de clases y también en clivajes religiosos, como la distinción entre laicos y cristianos.
En contraste, el tecnopopulismo emerge como un síntoma del debilitamiento de esos anclajes sociales. La política se desacopla de las estructuras tradicionales y se vuelve más volátil, marcada por procesos de desintermediación. Según Invernizzi, esta transformación da lugar a una democracia en la que la competencia política ya no está firmemente ligada a identidades sociales estables, sino que fluctúa en un terreno cada vez más desligado de ellas.