En la última entrega de ‘Periodismo Puro’, el periodista Jorge Fontevecchia mantuvo una profunda e intelectual conversación con el economista e historiador Homa Katouzian, quien analizó las raíces estructurales del persistente conflicto bélico y político que atraviesa Irán. Durante la entrevista, el académico desglosó las particularidades de un sistema que calificó como “único en la historia mundial”, caracterizado por la fusión del poder político y la fe.
Katouzian detalló que la actual República Islámica se rige bajo el principio de la “tutela del jurista”, un modelo donde el líder supremo concentra las principales decisiones del país, configurando un escenario donde las tensiones institucionales con Occidente y las potencias regionales no pueden entenderse sin revisar el pasado persa.
Al ser consultado sobre las definiciones de Irán como una “sociedad arbitraria” y de “corto plazo”, el especialista trazó una contundente diferenciación histórica con el continente europeo para explicar el origen del poder en la región. Katouzian argumentó que, a diferencia de los absolutismos occidentales de los siglos XVI al XIX que operaban bajo marcos legales y tradiciones arraigadas, el régimen iraní se consolidó desde sus inicios como un despotismo arbitrario. Bajo este esquema, el Estado no se situaba a la cabeza de la comunidad, sino completamente por encima de ella, encarnado históricamente en la figura del Shah. Esta concentración implicaba que desde los generales hasta los ciudadanos comunes carecieran de derechos independientes, transformando la vida y la propiedad en meros privilegios estatales.
El análisis del experto puso el foco en el destructivo ciclo político de cuatro fases que parece condenar la historia de la nación: gobierno absoluto, gobierno débil, revolución y caos. El economista explicó que la falta de derechos jurídicos independientes generó una animosidad casi permanente entre el Estado despótico y una sociedad civil de tendencia antiestatal. Según el académico, cada vez que el pueblo lograba levantarse y derrocar al soberano, el resultado inmediato era una anarquía tan asfixiante que superaba el sufrimiento del propio despotismo original. Este desencadenamiento forzaba históricamente a la población a lamentar la revolución, derivando indefectiblemente en la restauración de un nuevo orden autoritario comandado por una fuerza renovada.
La entrevista adoptó un tinte aún más revelador cuando Fontevecchia indagó sobre los componentes de la identidad iraní moderna y el peso del islamismo en el ejercicio del poder actual. Al respecto, el entrevistado aclaró que si bien el Estado se fundamenta en el islam chiita, el régimen surgido tras la revolución de 1979 rompió con siglos de tradición mística. Katouzian reveló que, históricamente, los doctores de la religión chiita sostenían que el clero debía mantenerse al margen de los cargos públicos, limitándose a la crítica externa. El orden contemporáneo sepultó esa herencia al transformar la gestión pública no solo en un derecho para los clérigos, sino en una obligación moral e institucional.