Uno de cada cinco jóvenes vulnerables ya no estudia, no trabaja ni busca empleo, según un informe de la UBA
Marcelo Longobardi analizó un informe elaborado por investigadores de la UBA que expone el delicado escenario que atraviesan los jóvenes argentinos. El estudio advierte sobre el crecimiento de los llamados "Triple Ni", quienes no estudian, no trabajan y tampoco buscan empleo.
El informe “Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro”, elaborado por investigadores del Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), fue uno de los temas centrales del programa de Marcelo Longobardi. Este relevamiento sostiene que el 48,9% de los argentinos de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad social, un fenómeno que, según los especialistas, trasciende el plano económico y evidencia el debilitamiento de dos pilares históricos de integración: la educación y el trabajo.
Uno de los aspectos que más preocupación genera entre los investigadores es la aparición de un grupo que supera el tradicional concepto de los “Ni-Ni”. El estudio identifica a los llamados “Triple Ni”, jóvenes que no estudian, no trabajan y tampoco buscan empleo. Según los datos, dos de cada diez jóvenes vulnerables se encuentran fuera del sistema educativo y del mercado laboral, mientras que uno de cada tres dentro de ese universo dejó incluso de buscar trabajo, un dato que refleja un fuerte desaliento frente a las posibilidades de progreso.
En ese sentido Longobardi parafraseo la explicación del director de la investigación, , Juan Cruz Esquivel, quien explicó que esta desconexión refleja una ruptura de las expectativas de progreso, donde el mercado laboral ya no es percibido como un espacio de inclusión accesible. Para los investigadores, la problemática no puede analizarse únicamente desde la falta de empleo, sino también desde la pérdida de confianza en que el trabajo pueda convertirse en una herramienta real de movilidad social.

El informe también cuestiona otra idea profundamente instalada de que tener empleo ya no asegura abandonar la precariedad. Entre los jóvenes vulnerables, casi siete de cada diez trabajan, aunque la mayoría lo hace en actividades vinculadas al comercio, la construcción, tareas de cuidado, changas, venta ambulante o trabajos realizados por internet, con elevados niveles de informalidad. Apenas el 18,9% cuenta con un empleo registrado o parcialmente registrado, mientras que el 75,9% trabaja de manera informal o por cuenta propia y otro 5% lo hace bajo el régimen de monotributo.
Las consecuencias de ese escenario también se reflejan en otros indicadores ya que el 57% de los jóvenes consultados aseguró que los ingresos del hogar no alcanzan para llegar a fin de mes, mientras que el 78% carece de obra social o medicina prepaga y depende exclusivamente del sistema público de salud. A pesar de ello, el 85,7% considera que estudiar podría mejorar su calidad de vida, aunque los investigadores advierten que las dificultades económicas, la necesidad de incorporarse tempranamente al mercado laboral y las trayectorias educativas interrumpidas dificultan ese objetivo.